Mostrando entradas con la etiqueta Fic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fic. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de agosto de 2013

Trying To Escape The Inevitable.

"–Tengo recuerdos muy extraños sobre él, ¿sabes? empezó a decir, sin mirarme, tan sólo jugando con sus manos en ese tic nervioso que le caracterizaba. Sus hombros caídos delataban que sobre ellos había un peso que apenas eran capaces de soportar.- No es que no lo recuerde todo, es simplemente que hay cosas que recuerdo con más claridad, ¿entiendes? 
>>Una vez tenía fiebre y me quedé dormido hablando con él. En lugar de despertarme esperó a que yo mismo lo hiciera y ni siquiera se enfadó. Todo el mundo solía enfadarse conmigo por todo. También él, a veces. Sólo a veces. Y esa vez no lo hizo, sino que le gustó. Era una persona diferente. 
>>Recuerdo otra vez que no paraba de besarme. Pero no seguido y forzado, sólo surgía, ¿sabes? Quiero decir, lo hacía porque lo sentía. Esas cosas se notan, al menos, yo lo hago. Sobre todo porque yo podría haber estado besándolo de esa forma siempre. Pero no quería que pensase nada raro de mí, ni resultarle pesado. Quizá el problema está en que él era él mismo conmigo y yo no. No lo sé. El caso es que adoro ese recuerdo. Y ahora odio no haberle besado todas las veces que hubiera querido. –dejó de hablar y tragó grueso, haciendo una pausa. Si le hubierais visto. Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero él seguía sin mirarme.- Le echo de menos.
Lo sé. Eres muy valiente.
–Yo sólo quiero que sea feliz. Si no es feliz conmigo, no tenía sentido seguir. 
–¿Y tú? 
Yo le hice feliz en algún momento, creo. Ese día supongo que fue feliz.
Quiero decir si tú lo eres.
Yo lo era cada vez que llamaba a la puerta. O reía por algo que yo había dicho. O me besaba porque lo sentía. A lo mejor también soy feliz viéndole reír por algo que otro ha dicho o por verle besar a alguien porque lo siente. Sabe que nunca está solo porque estoy con él sin estarlo.
Te va a destrozar. 
Me estoy destrozando.
No es justo. Sabes que no es justo. Gerard, yo...
Incluso antes de que yo percibiera que la puerta del piso estaba abriéndose, Gerard ya había levantado la vista. Tenía los ojos aguados, y se cubrió las muñecas con las mangas de su jersey. 
Ambos permanecimos en silencio, pendientes de los pasos inseguros que recorrían el pasillo. 
Yo... Tengo que...
Sh.- cogí su mano al ver que temblaba.- Todo está bien, ¿vale? Estoy aquí.
Él aferró apenas mi mano. 
Seguí su mirada hasta la entrada de la habitación para encontrarme por primera vez con Frank. 
Se apoyaba en el marco con el hombro, y miraba a Gerard frunciendo apenas el labio, en silencio, con las manos en los bolsillos de sus vaqueros anchos con cadenas. Tenía el pelo corto salvo un flequillo desarreglado que le hacía parecer algo mayor, aunque hubiera jurado que era menor que Gerard. 
Jugaba con el piercing de su labio cuando volvió la vista a mí, examinándome sin intentar ocultar que lo hacía, y luego se fijó en nuestras manos entrelazadas, haciendo que Gerard la apartara de golpe.
¿Interrumpo? 
–No. 
Sus miradas volvieron a cruzarse en la habitación y, por un instante, todos los sentimientos que se transparentaba en la voz de Gerard al hablar de él habían desaparecido. Se desafiaron en silencio hasta que el semblante de Frank cambió, y dejó escapar un suspiro.
–Volveré en otro momento."


sábado, 20 de abril de 2013

Capítulo 1


<< ¿Arder?>>
El viento golpea con una fuerza sobrenatural mi ropa y mi cabello, como latigazos anticipando un castigo por lo que estoy a punto de hacer.
<<No lo hagas. >>
<<No le importas. >>
<<Muérete. >>
<<… Te quiero. >>

Cubro mis oídos con mis manos, apretando, como si así pudiese frenar el flujo de pensamientos que da vueltas en mi cabeza a una velocidad, seguro que muy superior a la del sonido.
Cierro los ojos. Aún así puedo sentir el inmenso vacío que se abre ante mí.
Las bocinas de los coches.
Las acostumbradas prisas de los peatones.
El pitido insistente de los semáforos en verde.
Alguien está tocando la guitarra.
Pero todo me llega demasiado lejano. Y me vuelven estas irrefrenables ganas de llorar.
Mi pecho se sacude ante los sollozos, instrumento irremediable de estos, y las lágrimas forman cataratas en mis mejillas. Las cenizas de mi corazón arden. Ni siquiera morir puede doler tanto.
Al fin y al cabo, por eso estoy aquí.
No importa lo alto que llore, nadie va a escucharme.
Estoy derramando mi alma. Pero eso no hace que el dolor se detenga.
Muevo los pies sin avanzar, pues no tengo a donde. Y nunca he sido de retroceder. Empiezo a gritarme por dentro, sintiendo la sangre hervir en mis venas. Soy un jodido cobarde. Me doy asco. No quiero potar encima de la gente, pero esa idea tan sólo me da más asco y me llevo las manos al estómago. Muerdo mis labios, cerrando los ojos con la misma fuerza. Sé que esta es la vez. Así que dejo que el peso de mi cuerpo me incline hacia delante. Escucho mi corazón latir en mis sienes, quizás por última vez. Aunque las lágrimas no cesen, en unos segundos no les quedará otra que hacer. Atraigo a mi mente la única puta cosa que he tenido clara en la vida.

<<Te quiero. >>

Y se acabó.











O no.
Todo sucede demasiado deprisa. Pasos rápidos. La camisa presionando mis costados. Calor entorno a mi cintura y en mi espalda.
Abro los ojos por la sorpresa y me paralizo al no ver nada a lo que aferrarme para no caer.
Tres segundos después todo mi cuerpo golpea contra el suelo de la terraza, de lado, y sé que me voy a llenar de cardenales. Me sacude de arriba abajo el hecho de que estamparse contra el suelo no debe de ser menos doloroso.
Miro alrededor tratando de entender lo que ha sucedido, incorporándome, cuando de un empujón me vuelvo a comer la superficie de pizarra. (...)