Más allá de lo que somos,
queda lo que fuimos.
Capítulos cerrados de un tema del que,
probablemente, nunca quisimos escribir.
¿Cómo leer más allá de tus ojos
si no puedo hacer más que soñar con ellos?
He imaginado, ya puestos,
el tacto insuperable de tu piel
el tiempo (indefinido)
la luz
el color
el sonido.
Chas. Chas. Chas.
Suena una canción que nunca tuvimos.
Caminamos por ciudades en las que no hemos estado.
Sonreímos a destiempo y no importa.
Seguro que no estamos en París,
ni nos pintamos la cara de azul,
ni hay palabras escritas en la puerta de mi cuarto,
ni sabemos de arte ni te gusta.
¿Y qué?
sábado, 14 de septiembre de 2013
domingo, 1 de septiembre de 2013
Las ruinas de tu olvido y de tu ausencia
La ciudad
fue construida para ti
Pero nunca
te gustó.
Me preguntas
mi color favorito
Ignorando el
azul de tus sonrisas.
Vienes a
interesarte por el estado inconsciente
En el que me
desvivo por tus labios,
Y sólo sé
decirte que estoy bien.
Te está volviendo loco.
Dime otra
vez cuánto te gusto.
Hazme creer
que has vuelto
Porque
extrañabas la forma insegura
En que sólo
mis manos te buscan.
Me tiembla
la garganta bajo la asfixia de tu risa.
Ven.
Alúmbrame la
luz con tu oscuridad,
Que me
torture tu presencia,
Quiero
rabiar del dolor de tenerte.
Ven o vete.
Pero llévame
contigo.
martes, 13 de agosto de 2013
Trying To Escape The Inevitable.
"–Tengo recuerdos muy extraños sobre él, ¿sabes? –empezó a decir, sin mirarme, tan sólo jugando con sus manos en ese tic nervioso que le caracterizaba. Sus hombros caídos delataban que sobre ellos había un peso que apenas eran capaces de soportar.- No es que no lo recuerde todo, es simplemente que hay cosas que recuerdo con más claridad, ¿entiendes?
>>Una vez tenía fiebre y me quedé dormido hablando con él. En lugar de despertarme esperó a que yo mismo lo hiciera y ni siquiera se enfadó. Todo el mundo solía enfadarse conmigo por todo. También él, a veces. Sólo a veces. Y esa vez no lo hizo, sino que le gustó. Era una persona diferente.
>>Recuerdo otra vez que no paraba de besarme. Pero no seguido y forzado, sólo surgía, ¿sabes? Quiero decir, lo hacía porque lo sentía. Esas cosas se notan, al menos, yo lo hago. Sobre todo porque yo podría haber estado besándolo de esa forma siempre. Pero no quería que pensase nada raro de mí, ni resultarle pesado. Quizá el problema está en que él era él mismo conmigo y yo no. No lo sé. El caso es que adoro ese recuerdo. Y ahora odio no haberle besado todas las veces que hubiera querido. –dejó de hablar y tragó grueso, haciendo una pausa. Si le hubierais visto. Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero él seguía sin mirarme.- Le echo de menos.
–Lo sé. Eres muy valiente.
–Yo sólo quiero que sea feliz. Si no es feliz conmigo, no tenía sentido seguir.
–¿Y tú?
–Yo le hice feliz en algún momento, creo. Ese día supongo que fue feliz.
–Quiero decir si tú lo eres.
–Yo lo era cada vez que llamaba a la puerta. O reía por algo que yo había dicho. O me besaba porque lo sentía. A lo mejor también soy feliz viéndole reír por algo que otro ha dicho o por verle besar a alguien porque lo siente. Sabe que nunca está solo porque estoy con él sin estarlo.
–Te va a destrozar.
–Me estoy destrozando.
–No es justo. Sabes que no es justo. Gerard, yo...
Incluso antes de que yo percibiera que la puerta del piso estaba abriéndose, Gerard ya había levantado la vista. Tenía los ojos aguados, y se cubrió las muñecas con las mangas de su jersey.
Ambos permanecimos en silencio, pendientes de los pasos inseguros que recorrían el pasillo.
–Yo... Tengo que...
–Sh.- cogí su mano al ver que temblaba.- Todo está bien, ¿vale? Estoy aquí.
Él aferró apenas mi mano.
Seguí su mirada hasta la entrada de la habitación para encontrarme por primera vez con Frank.
Se apoyaba en el marco con el hombro, y miraba a Gerard frunciendo apenas el labio, en silencio, con las manos en los bolsillos de sus vaqueros anchos con cadenas. Tenía el pelo corto salvo un flequillo desarreglado que le hacía parecer algo mayor, aunque hubiera jurado que era menor que Gerard.
Jugaba con el piercing de su labio cuando volvió la vista a mí, examinándome sin intentar ocultar que lo hacía, y luego se fijó en nuestras manos entrelazadas, haciendo que Gerard la apartara de golpe.
–¿Interrumpo?
–No.
Sus miradas volvieron a cruzarse en la habitación y, por un instante, todos los sentimientos que se transparentaba en la voz de Gerard al hablar de él habían desaparecido. Se desafiaron en silencio hasta que el semblante de Frank cambió, y dejó escapar un suspiro.
–Volveré en otro momento."
>>Una vez tenía fiebre y me quedé dormido hablando con él. En lugar de despertarme esperó a que yo mismo lo hiciera y ni siquiera se enfadó. Todo el mundo solía enfadarse conmigo por todo. También él, a veces. Sólo a veces. Y esa vez no lo hizo, sino que le gustó. Era una persona diferente.
>>Recuerdo otra vez que no paraba de besarme. Pero no seguido y forzado, sólo surgía, ¿sabes? Quiero decir, lo hacía porque lo sentía. Esas cosas se notan, al menos, yo lo hago. Sobre todo porque yo podría haber estado besándolo de esa forma siempre. Pero no quería que pensase nada raro de mí, ni resultarle pesado. Quizá el problema está en que él era él mismo conmigo y yo no. No lo sé. El caso es que adoro ese recuerdo. Y ahora odio no haberle besado todas las veces que hubiera querido. –dejó de hablar y tragó grueso, haciendo una pausa. Si le hubierais visto. Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero él seguía sin mirarme.- Le echo de menos.
–Lo sé. Eres muy valiente.
–Yo sólo quiero que sea feliz. Si no es feliz conmigo, no tenía sentido seguir.
–¿Y tú?
–Yo le hice feliz en algún momento, creo. Ese día supongo que fue feliz.
–Quiero decir si tú lo eres.
–Yo lo era cada vez que llamaba a la puerta. O reía por algo que yo había dicho. O me besaba porque lo sentía. A lo mejor también soy feliz viéndole reír por algo que otro ha dicho o por verle besar a alguien porque lo siente. Sabe que nunca está solo porque estoy con él sin estarlo.
–Te va a destrozar.
–Me estoy destrozando.
–No es justo. Sabes que no es justo. Gerard, yo...
Incluso antes de que yo percibiera que la puerta del piso estaba abriéndose, Gerard ya había levantado la vista. Tenía los ojos aguados, y se cubrió las muñecas con las mangas de su jersey.
Ambos permanecimos en silencio, pendientes de los pasos inseguros que recorrían el pasillo.
–Yo... Tengo que...
–Sh.- cogí su mano al ver que temblaba.- Todo está bien, ¿vale? Estoy aquí.
Él aferró apenas mi mano.
Seguí su mirada hasta la entrada de la habitación para encontrarme por primera vez con Frank.
Se apoyaba en el marco con el hombro, y miraba a Gerard frunciendo apenas el labio, en silencio, con las manos en los bolsillos de sus vaqueros anchos con cadenas. Tenía el pelo corto salvo un flequillo desarreglado que le hacía parecer algo mayor, aunque hubiera jurado que era menor que Gerard.
Jugaba con el piercing de su labio cuando volvió la vista a mí, examinándome sin intentar ocultar que lo hacía, y luego se fijó en nuestras manos entrelazadas, haciendo que Gerard la apartara de golpe.
–¿Interrumpo?
–No.
Sus miradas volvieron a cruzarse en la habitación y, por un instante, todos los sentimientos que se transparentaba en la voz de Gerard al hablar de él habían desaparecido. Se desafiaron en silencio hasta que el semblante de Frank cambió, y dejó escapar un suspiro.
–Volveré en otro momento."
viernes, 5 de julio de 2013
Motas de polvo en la oscuridad.
Madrid me sabe a nada si es sin ti.
Tendederos que sostienen crisantemos,
Agujeros negros en habitaciones blancas.
I miss you.
El mundo se detiene y nos observa.
Mienten los cuentos para niños.
Ya nadie teme a los fantasmas.
Tendederos que sostienen crisantemos,
Agujeros negros en habitaciones blancas.
I miss you.
El mundo se detiene y nos observa.
Mienten los cuentos para niños.
Ya nadie teme a los fantasmas.
Tu taza vacía en la encimera.
Mi cama, cementerio asiduo de pañuelos,
Me acoge sin pedirme nada a cambio.
Los números rojos no sólo existen en las cuentas bancarias.
Las lágrimas de tu collar no pesan nada
Comparadas con cada tempestad en tus pestañas.
Recemos porque nos salven las palabras.
Me acoge sin pedirme nada a cambio.
Los números rojos no sólo existen en las cuentas bancarias.
Las lágrimas de tu collar no pesan nada
Comparadas con cada tempestad en tus pestañas.
Recemos porque nos salven las palabras.
viernes, 14 de junio de 2013
Tú. Todo tú. Siempre Tú.
También hoy yo puedo escribir los versos más tristes.
Me duelen las palabras y tu sombra.
Telarañas en tu lado de la cama.
Todas las luces apagadas.
Las sábanas me rasgan al no sonar
porque no te giras.
Porque no estás.
La habitación pierde tu olor y yo
tan sólo sé llorar sin admitirlo.
Mi nombre, tu voz, tan sólo eco.
Tan sólo, tan sólo, tan sólo.
Tan solo como yo.
Como yo sin ti.
Los signos de interrogación
fueron sustituidos por puntos suspensivos.
Corro detrás de ellos desesperado.
Si es el final no es feliz.
Si es feliz no es el final.
Sacré Bleu.
Azul la luz que atraviesa las cortinas
que tú elegiste.
Tú. Todo tú. Siempre tú.
Y aquí y ahora yo.
Cruje la madera de los muebles,
se sacuden los espejos y cristales.
Ninguna bombilla da luz, todas tiemblan.
La brisa entra por la ventana cerrada
me mira abrazado a nuestras sábanas.
Sabes que se ha ido para siempre.
No me escuchas llorar y lo prefiero.
Quizá hacías bien en dejarme marchitarme,
no precisamente por culpa del tiempo.
Mañanas de café que ya no quiero.
Me duelen las palabras y tu sombra.
Telarañas en tu lado de la cama.
Todas las luces apagadas.
Las sábanas me rasgan al no sonar
porque no te giras.
Porque no estás.
La habitación pierde tu olor y yo
tan sólo sé llorar sin admitirlo.
Mi nombre, tu voz, tan sólo eco.
Tan sólo, tan sólo, tan sólo.
Tan solo como yo.
Como yo sin ti.
Los signos de interrogación
fueron sustituidos por puntos suspensivos.
Corro detrás de ellos desesperado.
Si es el final no es feliz.
Si es feliz no es el final.
Sacré Bleu.
Azul la luz que atraviesa las cortinas
que tú elegiste.
Tú. Todo tú. Siempre tú.
Y aquí y ahora yo.
Cruje la madera de los muebles,
se sacuden los espejos y cristales.
Ninguna bombilla da luz, todas tiemblan.
La brisa entra por la ventana cerrada
me mira abrazado a nuestras sábanas.
Sabes que se ha ido para siempre.
No me escuchas llorar y lo prefiero.
Quizá hacías bien en dejarme marchitarme,
no precisamente por culpa del tiempo.
Mañanas de café que ya no quiero.
lunes, 3 de junio de 2013
Condenamos a muerte a la memoria
Dijiste que
yo no era tu juguete
Pero no
dejas de darme cuerda.
Los pájaros
del ayer
No quieren
volver al nido.
No estallan
las burbujas
En el aire.
No eres más
que el polvo
Que se
acumula irremediablemente
En los
estantes de mi vida.
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