martes, 1 de julio de 2014

Renacer.

Rimbaud me ha cambiado. Tras una exhaustiva lectura de "Las Flores del Mal", del poeta francés que inició el simbolismo, Baudelaire, y considerar insuficiente este viaje por los sentidos, fui a dar con el Príncipe de las Tinieblas, aquel que se anticipó a Nietzsche, Arthur Rimbaud.
Después de leer prácticamente la totalidad de su obra, puedo afirmar con rotundidad la frase inicial. Incluso voy más lejos, testifico que el joven poeta no sólo era un auténtico visionario: Sabía algo que, casi dos siglos después, nosotros no sabemos.

Dejo el primero poema que escribí mientras leía una antología de sus poesías completas.

VI

Inmortalizar a Rimbaud,
          hallar la libertad en la caverna,
   ser niño, y león, y esclavo.

<<Vivir>>, sin omitir ninguna letra.

      Atormentar a los mediocres,
             contarles sobre el tacto agridulce
                       de una victoria por la cual no lucharon.

¡Vivir! ¡Hay que vivir!

Ser laico, y dios, y ateo,
           profanar la tumba de Descartes,
                 resucitar, una vez más, a Nietzsche.


sábado, 15 de febrero de 2014

Si olvidar es perdonar prefiero odiarte

Y vino la vida a llevarnos, sin querer decirnos dónde.
Vimos morir, una a una, las estrellas.

De amor ya sólo entienden los poetas.

Las cartas se amontonan en la entrada,
Serán el carbón de tus remordimientos.

La forma inexacta que tienes
De fingir que no soy más que una mancha
En tu memoria, me provoca náuseas.

Te odio, pero no quieres creer
Que eres un página rasgada en cuatro,

Que te mentí, que no te creo.

Vete.
Al contrario que tú, sé admitir
Que no tengo buenos sentimientos.

Vendrán los pájaros del frío a hurgar
En las entrañas del pasado.

Enfermarás sin causa ni remedio.

Enamorarse del mar no es más
Que un error de principiantes.

Evitar el temporal, posponer la catástrofe.

Si te besé fui Judas,
Sólo que yo no quiero perdonarte.


martes, 4 de febrero de 2014

La sombra de un reloj de cuco

Créeme cuando te digo que, si pudiera,
olvidaría las Palabras y el Arte,

El Amor con mayúsculas,
Los trenes que no van a ningún lado,

Olvidaría París y sus calles,
Teñidas del dolor y de los versos.

¿Cómo mentirle al Sol?

Te juro que no quiero, no, no...
Déjame volver a hundirme, te lo ruego,

Acostumbrarse al dolor no es más
Que anestesiarse a favor del insomnio.

Yo ya no sé existir; he visto,
En otros ojos, lo que es morir por dentro.

No podría volver a soportarlo.

Te he visto marchitarte en la ventana,
Como una flor en ruinas.

La lluvia de tus pétalos ha dejado en mí
heridas que nunca van a cerrarse.

¿No entiendes que quiero Amarte?
Aunque sólo podamos acabar ardiendo, o haciendo arder.

Quiero darte la vida, desearte la muerte.

Decir que es el final, arrepentirme,
Volver y no encontrarte.

Quiero escribir en tu piel, sin tinta,
Sin palabras, mi nombre, tu condena.

Aunque eso implique arder o morir ardiendo,
Quizá me olvides, pero no vas a olvidarme.

Verlaine... Verlaine. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Es la primera vez que lloras bajo cero

Cinco, cuatro, tres, dos...
Esta vez, no volveré a verla jamás.
                    -Mathias Malzieu


Allí bajo el almendro que fue sombra de tus sueños,
El dolor te paraliza.

Cierras los ojos y sólo esperas que sea por última vez.

Dime por qué no viniste a buscarme,
Qué has hecho conmigo todos estos años,
Necesito saber qué hice mal.

No sabe responderte,
Aún te ama.

Las agujas traspasan tu pecho.
Pero para ti, que has soportado los copos de nieve
De su voz, eso no es nada.

Te enamoraste, Jack, te enamoraste.

Yo no quería hacerlo. 

¿Qué será de nosotros cuando la mecánica
De tu corazón estalle en mil pedazos?

¿Cuando tu reloj ya no marque las doce?
¿Qué será de mí a las siete y media?

Los recuerdos dejan un rastro de sangre en la nieve.

Je ne voulais pas.

Te giras a mirarle,
Es la primera vez que lloras bajo cero.

Esperas a que pase algo,
Pero el frío ha detenido el tiempo.

No llores, ya no vale la pena lamentarse
Por algo que nunca existió.

Cada segundo te atraviesa un poco más el corazón.

El mundo podía haber sido nuestro en esa caja de zapatos.



domingo, 26 de enero de 2014

Ceci n'est pas du poison.

"Sólo soy el dolor de un mal sueño."
- Del Valle-Inclán

No habría sabido decir
Si se trataba de una pesadilla o de un mal sueño.

Miro el frasco, leo la inscripción
Y no digo nada.

Sé perfectamente lo que es el veneno.

Pero yo no soy Alicia,
Ya no creo en las maravillas,
Y este no es el frasco del que hablaba Baudelaire.

Cuento hasta dos y lo abro.

Es una promesa de amor de juguete.
No me quieras como se quieren los poetas,
Me dijiste.

Tal vez David Martín no estaba loco,
Tal vez prefería estarlo.

Pisar el límite de la razón,
Es jugar con 30 gramos de cianuro.

La última gota resbala por mi mejilla,
Es sangre en tu mirada.

No quieras ser Romeo a estas alturas.

jueves, 2 de enero de 2014

Un tren del que bajarse en marcha

Como para Verlaine y Rimbaud,

el tiempo no es más que otro obstáculo,
un tren del que bajarse en marcha.

La muerte no se acuerda de nosotros. 

París lloviendo, Londres en pijama,
Roche encerrada en su cuarto.

El bulevar oculta nuestra suerte,
las fronteras no son más que palabras.

Vivir, sólo puede conjugarse en presente.

Nos prometemos que será la última vez
que nos hacemos sangre en los labios.

Y aquí y allá, más allá del verano
y los inviernos que tú provocas,

me arrancaré la piel, Rimbaud,
te lo prometo,
si vuelves a mirarme con los ojos
manchados de pavesas.

Si supiéramos enterrarnos
aún estaríamos vivos.

El sol se asoma a ver si aún respiramos.

No me pidas que te olvide
para llamarme rogando vuelva
al día siguiente,
| intervalo |
que aún me amas,
| intervalo |
que aún me odias suficiente
para decir que no sin darte cuenta,

sin ver que ya estoy otra vez
buscando un tren del que bajarme
en marcha.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Delirios de una noche sin estrellas.

Sabía que, en realidad, no importaba mucho a dónde fuera. Podía dejarlo todo atrás, pero seguiría siendo yo. Seguiría siendo yo y seguiría viéndole en cada paso que diese. En el café frío por las mañanas, en el silencio al volver a una casa que no sería la mía. En las sábanas enredadas sin sentido, en el orden que él no conocía. En la estabilidad, en todos los ojos que no fueran los suyos, en las marcas que sólo yo veo en mi piel, en el letargo del corazón. En despertarme a solas, en las canciones que no le gustaba y los sitios a que no quería ir. En las cosas que quería y no quería hacer. Le vería en mí, en quien fui y no fui, y en quien sería, por desgracia, sin él.